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Psicología de la discapacidad; Conceptualización

El ser humano es un hombre común en busca de un destino extraordinario. La persona con discapacidad es un ser extraordinario, en busca de un destino común.

El perfil de cada persona, ya sea discapacitada o no, está constituido por puntos fuertes y débiles relacionados con el entorno en el que cada uno se desenvuelve, la capacidad de control emocional, el equilibrio psicológico, las habilidades sociales, la mayor o menor vulnerabilidad ante agentes generadores de ansiedad o estrés, etc.

La discapacidad no es una característica propia del sujeto, sino el resultado de su individualidad en relación con las exigencias que el medio le plantea. El tipo y grado de discapacidad que la persona padece, le impide valerse por sus propios medios de manera autónoma, viéndose obligada a buscar otras alternativas para satisfacer sus necesidades esenciales. En el marco de nuestra institución, es allí donde los orientadores deben actuar, guiando a los internos para que puedan desarrollar actividades acordes a sus características personales, capacitarse para el auto-valimiento y lograr una integración al medio social en el que están insertos, del cual intentan formar parte.

PROCESO SALUD – ENFERMEDAD.

  • Salud: estado de bienestar físico, psíquico y social, y no sólo ausencia de enfermedad (O.M.S). “Situación de relativo bienestar físico, psíquico y social -el máximo posible en cada momento histórico y circunstancia social determinada-, considerando a dicha situación como el producto de la interacción transformadora, entre el individuo - entidad biopsicosociocultural, y su ambiente - entidad físico-química-psicosociocultural y económico-política (Enrique Saforcada).
  • Proceso salud – enfermedad: ambos aspectos se condicionan mutuamente, dado que la misma noción de proceso implica un movimiento constante en el que se plasman las necesidades existenciales y el desarrollo de las potencialidades de cada sujeto.
  • Salud y enfermedad serían entonces, los dos polos de este proceso, y a ellos se les puede aplicar las leyes de la dialéctica:
    • No existe el uno sin el otro.
    • Existe uno en el seno del otro.
    • En algún momento uno puede transformarse en el otro.
  • La enfermedad no es solamente un problema bioquímico o una alteración en la biología del sujeto, sino una experiencia que conmueve al ser humano en su totalidad. El enfermo no es simplemente un cuerpo ni un simple ser viviente. Es una persona, un ser dotado de inteligencia y concepto de sí mismo, con un proyecto de vida y una responsabilidad frente a su propio destino”. “La enfermedad está en el hombre; el hombre hace su enfermar. Lo real es la persona enfermando, viviendo el proceso de enfermar. El enfermar humano es un problema humano” (G. Acevedo).
  • El estado de “Salud” no se obtiene de una vez y para siempre, sino que se construye a partir de la interrelación de "tres áreas de la vida" :
    • el área de las relaciones interpersonales, que incluye la aportación del "medio circundante suficientemente bueno y la utilización del medio circundante no humano".
    • el área de la realidad psíquica personal, denominada "interior".
    • el área de "la experiencia cultural, que comienza con el juego y conduce a todo aquello que compone la herencia del hombre: las artes, los mitos históricos, la lenta progresión del pensamiento filosófico y los misterios de las matemáticas, de las instituciones sociales y de la religión".
  • En nuestra cultura ha habido desde siempre una tendencia a considerar la Salud como la ausencia de enfermedad o, desde un enfoque psicológico, como "la ausencia de desorden psiconeurótico" . Pero no podemos remitir lo patológico a la mera aparición de conflictos, porque no son ni el síntoma ni el conflicto lo que definen lo patológico.
  • En este contexto, Emiliano Galende define a la Salud Mental como "un estado de relativo equilibrio e integración de los elementos conflictivos constitutivos del sujeto de la cultura y de los grupos, con crisis previsibles e imprevisibles, registrables subjetiva y objetivamente, en el que las personas o los grupos participan activamente en sus propios cambios y en los de su entorno social" .

Desde el Paradigma de la Salud (que se aparta del Paradigma Médico Hegemónico): “La Salud sería un proyecto, la enfermedad una fractura y la vida un proceso que tiende a una telefinalidad. En este proceso, el hombre responde, y en esa respuesta se transforma en co-creador. Transforma el entorno y se transforma. No es un mero sujeto pasivo de su enfermar, sino que lo recrea cotidianamente” (G. Acevedo).

CONCEPTO DE DISCAPACIDAD. EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO.

  • La terminología utilizada para referirse a las personas con algún tipo de discapacidad, ha ido variando y evolucionando a lo largo de la historia en forma paralela a las tecnologías de intervención aplicadas y a los procesos de interrelación humana generados socialmente. Podemos distinguir, en estas tres últimas décadas, dos grandes distinciones e intenciones de clasificación de la discapacidad:
    1. Clasificación Internacional de las Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías (CIDDM), fuertemente mediatizada por el modelo médico hegemónico.
    2. Clasificación Internacional del Funcionamiento, la Discapacidad y la Salud (CIF).
  • La CIDDM fue estructurada sobre la base de un modelo médico, y terminó reduciéndose al asistencialismo, o a la rehabilitación con el formato de tratamiento individualizado. Fue elaborada en 1976 por la Organización Mundial de la Salud y publicada en 1980, constituyéndose en una valiosa herramienta para los profesionales e instituciones que trabajaban con personas con necesidades especiales. Funcionó como elemento de resistencia al encasillamiento y “etiquetación” simplista con que se estaba operando de manera deshumanizada con las personas con discapacidad. Su mayor aporte fue instalar una clara distinción entre: deficiencias, discapacidades y minusvalías (conceptos que más adelante pasaré a especificar), lo cual permitió dejar de sustantivizar situaciones adjetivas: se dejó de hablar del “mogólico” o el “down”, para pasar a hacer referencia a “personas con síndrome de down”, terminología que no excluye su condición de persona. Pero a pesar de su utilidad, esta clasificación no pudo reflejar la importancia del entorno social y quedó plasmada como un modelo causal, unidireccional y reduccionista.
  • Así fue como el 22 de Mayo de 2001, la Asamblea Mundial de la Salud aprobó por unanimidad la CIF, clasificación que fue aceptada por 191 países como el nuevo patrón internacional de descripción y dedición de la Salud y la Discapacidad. Fue elaborada en base a los principios de integración psicosocial y las concepciones del desarrollo interaccionista entre el individuo y su entorno. Dio lugar a la resignificación de las discapacidades al situarse en un nuevo paradigma de la dialéctica identidad - entorno. Esto supone grandes desafíos para los sistemas sociales, que necesariamente deberán modificarse en función de la inclusión de personas con discapacidad.
  • La Clasificación Internacional de Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías, entiende por deficiencia toda pérdida o anormalidad, permanente o temporal, de una estructura o función psicológica, fisiológica o anatómica. Incluye la existencia o aparición de una anomalía, defecto o pérdida de una extremidad, órgano o estructura corporal, o un defecto en un sistema funcional o mecanismo del cuerpo. La deficiencia supone un trastorno orgánico, el cual produce una limitación funcional que se manifiesta objetivamente en la vida diaria. Se puede hablar de deficiencias físicas, sensoriales, psíquicas o de relación.
  • La discapacidad es, según esta clasificación, una restricción o ausencia (debida a una deficiencia) de la capacidad de realizar una actividad en la forma o dentro del margen considerado normal para el ser humano. Puede ser temporal o permanente, reversible o irreversible. La minusvalía es la situación desventajosa en la que se encuentra una persona determinada, como consecuencia de una deficiencia o discapacidad que limita o impide el cumplimiento de una función que es normal para esa persona, según la edad, el sexo, los factores sociales y las características propias de su cultura.
  • En la actualidad, y desde hace un cierto tiempo, el “Movimiento para los Derechos de las Personas con Discapacidad” está redefiniendo el concepto de discapacidad. Lo plantea como una falta de adecuación entre la persona y su entorno, más que como una consecuencia directa de la deficiencia de esa persona. “La discapacidad surge como resultado de una deficiencia que existe dentro de la sociedad, que es la que crea barreras que impiden la integración y dificultan el entendimiento (Declaración de Octubre de 1994).
  • Hoy se abre paso la idea de que la deficiencia de una persona produce discapacidad, y la interrelación entre ésta, las características individuales de la persona y los condicionantes del entorno pueden dar lugar o no, a una minusvalía. Las personas con discapacidad son personas íntegras con cuerpos desarmonizados y limitaciones en su desarrollo físico y/o psíquico, que luchan por encontrar su lugar en el mundo y mejorar su calidad de vida a través de experiencias reales y vivencias cotidianas. La discapacidad no es una característica propia del sujeto, sino el resultado de su individualidad en relación con las exigencias que el medio le plantea.
  • Tanto la historia de la discapacidad desde la perspectiva de las personas afectadas, como las actitudes de la sociedad hacia ellos, reconocen una larga trayectoria que va desde la eliminación y el aislamiento, pasando por la asistencia y la institucionalización, hasta desembocar, en épocas contemporáneas, en la rehabilitación y la integración social. ¿Etiquetamos o reconocemos al discapacitado como un ser con plenos derechos? ¿Etiquetamos para marcar negativamente o reconocemos para discriminar positivamente? El simple concepto de “etiquetar”, supone una lectura particular con claro valor negativo. Por el contrario, “reconocer” abre una puerta de acceso a lo que hasta el momento fue negado, única alternativa posible para una resolución digna.

LA PERSONA CON DISCAPACIDAD.

  • Debemos impedir que la deficiencia o discapacidad de los residentes, se convierta en minusvalía, fortaleciendo sus aspectos sanos, reforzando su autoestima y promoviendo el intercambio, las expresiones creativas y la comunicación, ya sea verbal o no verbal.
  • Capacidad del lenguaje: recurso específico, propio de la especie humana; herramienta para comprender y expresar emociones, pensamientos e intenciones; modo de respuesta oral; proceso de codificación y decodificación de mensajes y significaciones que supone multiplicidad de habilidades de orden cognitivo, auditivo, visual, grafo-motor, emocional y social, todas ellas sustentadas por un adecuado sustrato neurológico.
  • El lenguaje se organiza y elabora en estrecha interdependencia con dichas habilidades, y una disfunción en alguna de ellas implicaría una alteración en su desarrollo. Pero la comunicación no se restringe exclusivamente al área del lenguaje, sino que existen muchos otros recursos para comunicarse, más allá de la expresión oral. Lo contrario del silencio no es el habla. En todo caso, el silencio de una persona con discapacidad nos confronta a la necesidad de quebrarlo, abriendo nuevas vías alternativas de comunicación, y promoviendo acciones creativas.
  • La creación es un proceso inter-subjetivo que se consolida mediante la puesta en escena de gestos espontáneos y compartidos, los cuales permiten la construcción sobre lo inexistente. La creatividad y la posibilidad de creación de algo nuevo son potencialidades inconscientes inherentes a todo ser humano, que se desarrollan en la interacción con el medio. No son capacidades propias de los genios; no hablamos de Mozart, ni de Picasso, ni de Borges. El potencial creativo y creador no constituye una cualidad de la minoría. Lo importante es salir al encuentro de ese gesto creador, que en estado potencial espera a alguien que le de forma.

    En la dimensión psicológico-emocional del discapacitado se pone de manifiesto un aspecto relevante: la presencia de conductas desafiantes, destructivas y autoagresivas, muchas veces relacionadas con su imposibilidad de comunicarse y expresar sus sentimientos. Esta particularidad supone un reto significativo a las instituciones, servicios y profesionales a cargo, ya que es un elemento que obstaculiza y dificulta el logro de los objetivos que cada uno se propone alcanzar.
  • Las terapias (de cualquier tipo que sean) de las personas con discapacidad (niños o adultos), deberán apuntar a mejorar su calidad de vida, consolidando una red significativa proveedora de contención, amistad y afecto, y promoviendo la adquisición de habilidades adaptativas que faciliten y favorezcan su relación con el medio y el despliegue de sus potencialidades

http://www.psicologia-online.com/articulos/2005/psicologia_discapacidad.shtml

 

 

 

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