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Juegos y juguetes para niños con autismo

Los niños con autismo juegan, como todos, aunque con sus particularidades. Por ello, existen juguetes que se adaptan mejor que otros a sus características y que pueden ayudarlos a manejar mejor aquello en lo que fallan. Presentamos algunos novedosos y otros que ya existen en el mercado. Para elegir los que van con un niño en particular siempre es necesario tener en cuenta al propio interesado y no olvidar que, más allá de las cuestiones didácticas (que, intencionalmente o no, siempre están en cualquier juego), jugar tiene que proporcionar un disfrute en quien juega

Preliminares
El juego es prácticamente una actividad natural en los niños. Es una de las formas de explorar el universo que los rodea y de ir comprendiendo de manera no traumática cómo es el entorno social y físico en el que les toca habitar.
También es una manera de relacionarse con los otros y de posicionarse respecto del entramado de interacciones y de ubicarse, acomodándose paulatinamente, en los roles asignados culturalmente, en su lugar y su tiempo, para su sexo, nivel socioeconómico y una serie de microvariables que comprenden su familia, su barrio o localidad y muchas otras. Por supuesto que esa ubicación no es inmutable y para siempre, puesto que las costumbres cambian y también intervienen factores afectivos, cognitivos, etc., de la propia persona.
Al mismo tiempo, se desarrolla mediante la actividad lúdica la capacidad de representar y simbolizar, que da cabida a lo que se conoce como juego social, es decir, aquel que involucra a otros y requiere imaginar y fingir, basándose para ello en lo que el niño ha observado, sea un superhéroe de un programa de televisión o cualquier actividad que ha captado en la realidad.
Otra de las funciones (y no la menor) es la de proporcionar esparcimiento mediante una actividad placentera.
A su vez, el juego está considerado como una valiosa herramienta pedagógica, que, sobre todo en los más pequeños, resulta muy útil para incorporar contenidos normados, más allá de que el juego en sí mismo, aun aquel no programado, ayuda a anexar saberes.
Las formas de jugar van evolucionando junto con los pequeños, agregando complejidad simbólica y pasando a actividades que incorporan normas para su desarrollo.
En realidad, el juego, de una manera u otra, nos acompaña toda la vida, a algunos más, a otros menos.
Pese a las diferencias apuntadas acerca de lo geográfico, social, familiar, epocal, etc., la estructura que se observa en la operación lúdica, al menos desde Piaget hasta el presente, podría decirse que es universal. Es decir, cada niño tiene sus peculiaridades al respecto, pero la sucesión de pasos sigue patrones que involucran a la gran mayoría.
Decimos que a la gran mayoría, porque hay niños que, por cuestiones motoras, sensoriales y de diversos tipos no es que no juegan (salvo excepciones), sino que lo hacen de manera diferente.
Dentro del universo del juego infantil, los juguetes poseen una atracción mágica, más allá de las campañas de marketing (en ocasiones, la caja y el embalaje de un electrodoméstico resultan una fuente inconmensurable de actividad lúdica, por ejemplo).
Así como hay juguetes apropiados para cada edad evolutiva de los pequeños, también existen aquellos que se adaptan mejor a las particularidades de los niños que portan alguna discapacidad.
En este caso, vamos a referirnos concretamente a algunos que han sido diseñados o que pueden acomodarse a las peculiaridades de los niños con Autismo y que, además de proporcionarles momentos de diversión, puedan estimular sus sentidos, su socialización y/o su aprendizaje.

Lo que no debe hacerse
Previamente a la descripción de esos objetos, pondremos a consideración algunos aspectos que deben evitarse en los juguetes para aquellos diagnosticados con autismo.
Lo primero que hay que tener en cuenta (y ello para todo niño, con o sin discapacidad) es que el juguete debe ser adecuado para el estadio evolutivo del pequeño, más allá de lo que los fabricantes consignen en el packaging.
Como algunos niños con autismo tienden a introducirse objetos en la boca y suelen tragarlos, es necesario evitar aquellos que poseen muchas piezas y/o ellas son muy pequeñas para evitar el peligro de asfixia.
Los que se rompen con facilidad también están contraindicados, sobre todo si los pedazos desprendidos pueden representar un riesgo, filos o puntas, por ejemplo, puesto que muchos de estos niños no tienen noción del peligro.
La cantidad de juguetes es otro ítem a evaluar. Muchas veces, al tener cantidad de ellos, se sienten abrumados, por lo que es preferible que sean pocos y que no los atemoricen ni los cohíban.
Si prefieren objetos que no son considerados juguetes y ellos no implican riesgo, pero cumplen con idénticas funciones, no es oportuno insistir en que utilicen los convencionales.
Otro tanto ocurre si el niño no parece atraído desde el principio por alguno. Quizás más adelante lo acepte. En ocasiones, hay alguna característica que tal vez le resulte desagradable (la expresión del rostro de un muñeco, un sonido, color, la textura, etc.), y, si se cambia esta, o el juguete por otro en que eso que disgusta no esté presente, es posible que juegue con él.
Es más probable que él o ella acepten más rápidamente aquellos que estén en la línea de lo que le gusta, por lo que el interés del niño es un elemento preponderante al escoger un juguete.
Los tecnológicos son una buena opción, si el niño o niña gustan de ellos (siempre teniendo en cuenta, además, la edad evolutiva), sobre todo aquellos que apuntan a integrar elementos multisensoriales, sean estos computadoras o de otro tipo, pero en los cuales se pueda desconectar alguna función si le resulta desagradable.
Teniendo en cuenta que las habilidades sociales se hallan restringidas, no resultan oportunos los juegos o juguetes que necesiten de varios jugadores, con reglas muy estrictas o con características susceptibles de provocar frustración.

Juguetes recomendados
Todavía en la etapa de prototipo, Auti es un sofisticado juguete, suave al tacto y sensible al trato que se le dé.
Se trata de un robot interactivo, diseñado para mejorar las habilidades sociales de los niños con Autismo. Por ello, sus sensores detectan cuando el nivel de voz es demasiado alto o cuando las conductas de su dueño resultan agresivas y, entonces, se repliega sobre sí mismo. Por el contrario, cuando se le habla suavemente, se lo acaricia o se lo mima, responde con movimientos, camina o se sienta.
Su creadora, la neozelandesa Helen Andreae, es diseñadora industrial y docente en la Universidad de Wellington, y lo que se propuso al desarrollar a Auti es brindar un entrenamiento constante y divertido a estos niños para que los ayude a controlar su voz, sus movimientos y la impulsividad, al tiempo que no pierde su condición de fuente de juego.
Build-A-Robot (Construye un Robot) fue diseñado por Laura Chun para la empresa Plan Toys, de Tailandia, con el objetivo de paliar uno de los problemas que aquejan a los pequeños diagnosticados con Autismo: el reconocimiento de las expresiones faciales ajenas.
 Realizado en madera, con partes intercambiables, ese sencillo pero atractivo juguete ganó el premio Good Design Award (al buen diseño) en la categoría “Productos para niños”.
Para su realización, la creadora realizó consultas con expertos en Trastornos del Espectro Autista, terapistas ocupacionales, padres y docentes. Una de las preocupaciones de Chun y de los consultados fue que el juguete no tuviera el aspecto de ser “especial para discapacitados”, sino que, por el contrario, más allá de su pertinencia para captar estados emocionales a través de las distintas expresiones del rostro, cumpliera con su función lúdica, al punto que, si bien resulta de gran ayuda para intentar superar esta deficiencia en niños autistas, cualquiera que sea capaz de intercambiar piezas mediante el atornillamiento puede jugar con él.
No solamente los novedosos y más o menos sofisticados puede ser útiles para el juego y para entrenar distintas habilidades carenciadas.
Los bloques con diversas formas geométricas que se insertan sobre una base, además de entretenimiento, ayudan a la comprensión de las formas y, al mismo tiempo, mejoran las habilidades motoras, la observación, el sentido del tacto y la coordinación.
Usualmente de material plástico, otra opción interesante son los bloques sonoros, que constan de una base sobre la cual se asientan placas que suenan al pulsar las teclas asociadas, pudiendo cambiarse de lugar las primeras para obtener melodías diferentes. Su utilidad reside en que mejora la comprensión auditiva y la coordinación ojo-mano.
Los libros, si bien no son un juguete, pueden despertar la atención de los pequeños. Si ellos tienden a rasgar el papel, se recomienda que los que se le acerquen sean de cartón rígido o de plástico. Pueden funcionar como una introducción a la lectura y a la comprensión de la relación entre palabra escrita y leída.
Los puzzles o rompecabezas (no recomendables para niños que se llevan objetos a la boca, salvo que las piezas sean de buen tamaño), adecuados a la edad de cada uno, son un interesante aporte a la mejora de la coordinación y un buen medio para fortalecer la confianza para resolver problemas. Si se varían las texturas (de cartón, plástico, felpa, etc.) también pueden contribuir al sentido del tacto.
A muchos niños con autismo les gusta cantar. En ese sentido, el karaoke puede resultar una actividad placentera (sea solamente auditiva o por medio de video con letra), además de coadyuvar al manejo de la voz y a potenciar las capacidades acústicas, entre otras.
Clásicos como los juegos de bloques en distintos materiales para apilar o construir (siempre con la prevención de que no sean tragados) aportan el perfeccionamiento de las habilidades motrices y la coordinación y estimulan la creatividad.
También lo hacen los lápices de colores, crayones o ceras y pinturas que suelen ser un entretenimiento productivo, usualmente plasmando sus dibujos en papeles de gran tamaño. Si el niño manifiesta conductas autolesivas o tiene poca noción del riesgo, deben evitarse los lápices u otros elementos que puedan herirlo.
Aquellos otros que implican seriar elementos tales como números, colores, formas, tamaños, etc., habilitan la mejora de las actividades cognitivas.
Los instrumentos musicales aportan una fuente de esparcimiento a los niños que gustan de la música. Muchos pequeños con Autismo poseen habilidades en este sentido. Hay baterías, guitarras, pianos, etc., adecuados a la talla de los niños, los que, más adelante, pueden cambiarse por los tradicionales. Las baterías electrónicas son una opción interesante para la falta de espacio, además de poder utilizarse con auriculares para evitar ruidos intensos y, al mismo tiempo, pueden adosárseles pistas musicales para tocar sobre ellas. Su utilidad radica en las áreas sensitivas, cognitivas, motoras y en permitir desarrollar la creatividad.
 
Para terminar
Los reseñados son apenas un puñado entre muchísimas opciones. Cada niño (autista o no) es diferente y, por ello, a lo que hay que atender es a las inclinaciones y a los gustos de cada uno en particular.
Si bien resulta apetecible que los juguetes y juegos cumplan una función didáctica y ayuden a resolver o paliar las dificultades en diversos ámbitos, jamás debe perderse de vista que la espontaneidad del juego es una condición indispensable para el disfrute y que todos y cada uno de ellos aportan algo y hablan de los gustos, las necesidades y los problemas de los niños.
Precisamente, que los juguetes se adapten al niño tiene un sentido lato, esto es, que deben ser adecuados pa-ra él, no solo porque lo “entrenan” en alguna habilidad en la que tiene deficiencias, sino porque les gusta jugar con ellos.

Ronaldo Pellegrini
ronaldopelle@yahoo.com.ar

Fuente: http://www.elcisne.org

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