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De la ciudadanía integrada a la ciudadanía post nacional en Carracedo

Carracedo realiza una critica a Marshall, quien exponía a la ciudadanía como un agregado paulatino de derechos otorgados (civiles, políticos y sociales) e “identificaba (...) la ciudadanía con una nacionalidad y con un estado (...) como algo implícito” (pp. 68), ya que mostraba una evolución ciudadana liberalista y local; además la obtención de los derechos fue debida a presiones sociales. La discusión entre liberalismo y republicanismo, la complejidad social actual, la pluralidad cultural, así como la búsqueda de una ciudadanía activa, ha generado nuevas corrientes ciudadanas: neorepublicanismo, liberalismo afirmativo y comunitarismo; “ los liberales conceden la primacía en su concepto de ciudadanía a los derechos (…) los republicanos priman la participación política y los comunitaristas lo hacen con la pertenencia” (pp. 69). La ciudadanía liberal se divide en protectiva (conservadora e individualista), orientada al desarrollo (progresista) y radical (Estado mínimo). En tanto que el comunitarismo se escinde en fuerte (absorción individual por la comunidad), ciudadanía naciolista y moderada (equilibrio entre comunidad e individuo); éste último concibe un Estado promotor de los derechos y la capacidad de inclusión de las pluralidades etno-culturales. El neorepublicanismo propone una ciudadanía deliberativa, plural, activa como un ejercicio autónomo del Estado, haciendo enfasis en la educación del ciudadano; “el republicanismo moderno rescata la ciudadanía activa y pública (...) el verdadero protagonista de la comunidad política” (pp. 85). No obstante, se le critica por su inadaptación a la globalización y exigir condiciones previas irreales a los ciudadanos, cuestión que Carracedo refuta al explicar que el republicanismo sólo exige evitar la corrupción. Nuevos procesos socioeconómicos, como la globalización y unidades económicas supranacionales, transforman nuevamente la concepción y ejercicio de la ciudadanía. La ciudadanía diferenciada propone la aplicación de una desigualdad positiva de los derechos de las minorías. La ciudadanía multicultural “precisa (...) la naturaleza de los rasgos diferenciales de los grupos (...) permite distinguir los objetivos prioritarios (...) de cada uno” (pp. 94), aunque su propósito es la integración. La ciudadanía postnacional es una postura incluyente en el marco de un Estado supranacional basado en una lealtad no étnica cultural sino en el “patriotismo constitucional”, pues el derecho es el único capaz de lograr una integración conservando la pluralidad.

Carracedo nos introduce en la evolución de la ciudadanía, sintetizada por Marshall en la nación, hasta las postnacionalidad. Considero, que dichos cambios en el ejercicio de la ciudadanía se deben a las transformaciones de la economía capitalista durante el último siglo. El Estado-Nación fue la creación del mercado interno a fines del Siglo XVIII, siendo el término nación la expresión política e ideológica de una clase en ascenso. Al proceso anterior se debe que los primeros derechos obtenidos por la ciudadanía sean los civiles pues representaban una forma de mercantilización de la fuerza de trabajo. La identificación de la nación con la ciudadanía no significó en modo alguno la eliminación de las minorías o la desaparición de las pluralidades etno-culturales, sino la dirección de un proyecto político y económico que al mismo tiempo que excluía e ignoraba intentaba una integración fundamentada en la homogeneización. Actualmente la globalización, o una nueva división internacional del trabajo con libre transito de capitales monopolistas, representa la concentración de una clase capitalista internacional que prioriza el mercado mundial al interno, siendo la consecuencia un debilitamiento de los Estado-Nación y la aparición de unidades políticas multinacionales (U.E, Mercosur, CEI). El proceso de mundialización de capitales levanto paulatinamente la patina nacionalista de las pluralidades y diferencias políticas y culturales. Así mismo, la circulación internacional de la mano de obra pone en entredicho la homogeneización ciudadana nacional. Las expresiones ciudadanas que nos presenta Carracedo intentan ajustarse a nuevas realidades socioeonómicas a las que el liberalismo ciudadano ya no puede responder. Estas nuevas condiciones materiales animan a nuevos debates entre republicanismo y liberalismos no basados en lazos de sangre o territorialidad. No obstante, es interesante notar que ninguna corriente ciudadana ha considerado siquiera las capacidades que la informática ofrece en la trasferencia de información o comunicación. En última instancia la ciudadanía es proceso continuo.

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